Los Cuatro Polos del “Yo” de la Persona Humana

Ahora que entramos en la nueva época después del fin del calendario Maya, hay muchos que se preguntan ¿cuál sería la diferencia entro este tiempo y los otros tiempos del pasado? O sea, ¿existe realmente un cambio en la vida de las personas?Con esto presento aquí una visión de lo que está sucediendo en el mundo. La historia del siglo XX es un testamento desgarrado de furia, pero hay también mucho de positivo. Para buscarlo, se necesita hurgar en los conflictos, que son también parte de nuestra historia, y no podemos dejar de incorporarlos a lo que somos como seres humanos.

Hay muchos que creen que el ser humano existe en la tierra en un estado desolador. Llaman por medidas urgentes de cambio. Con eso se podría fácilmente interpretar la vida de manera pesimista. Pero yo soy pesimista! Tengo, sí, mucha esperanza en el ser humana, en su capacidad de regenerarse, de recuperarse, de transformar de un momento para otro toda la destrucción que haya perpetrado. Para eso, sin embargo, necesitamos de cambios cósmicos.

Estos cambio cósmicos son más bien una oportunidad. Es como el cambio de las estaciones del año. Cuando pasamos del invierno para la primavera, y de la primavera para el verano, aquí hay un cambio muy grande en nuestra experiencia y relación con la tierra y el mundo alrededor de nosotros. Pero estos cambios se presentan a nosotros más bien como oportunidades, por medio de las cuales podemos cambiar nuestro modo de ser y nuestra comportamiento.

Creo ser así también las clases de cambios que podemos esperar en la tierra, con la entrada de la Nueva Era después del fin del calendario Maya.

Polos y Estaciones

Los polos de la vida son como las estaciones del año. Para vivir bien, creo que debemos estar con contacto con estos polos, conscientes de que son diferentes y requieren un tratamiento diferente. Veamos los polos uno por uno, en comparación con las estaciones del año.

El Corazón — La Primavera

English: An image of a heart Español: Una imag...

El corazón es el centro de los sentimientos de la persona. Corresponde al la estación de la primavera. Al corazón pertenecen las horas desde 3.00 a. m. hasta 9.00 a. m. En los momentos de prolongado abatimiento en que nos sentimos como en una existencia atormentado, es en el corazón que encontramos alivio la fuerza de adquirir de nuevo la confianza en la vida a pesar de las grandes precariedades. Detrás del sufrimiento hay siempre la esperanza y la confianza que, sí, vale la pena vivir.

El Estómago — El Verano

Nuestra vida empieza con el estómago. Aquí está el centro de nuestro ser, de nuestro sustento. El estómago es como el verano de la vida. Al estómago pertenecen las horas desde 9.00 a. m. hasta 3.00 p. m. De aquí viene la pasión por la vida.

El Cerebro — El Otoño

Havock Anteccesor Old

El cerebro es el instrumento de nuestro Yo. El trabajo principal del cerebro es juzgar, pero hay en nosotros otras fuentes de evaluación que no están basadas en las razo

nes del cerebro. Por eso habla Pascal de “las razones del corazón”. La gran tentación del hombre el “comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal” del Jardín del Edén (Génesis). O sea, de tratar de vivir su vida con bases a un creciente número de reglas, leyes y reglamentaciones.

La Serpiente como Símbolo de la Sabiduría y Salud

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Adán_y_Eva_Durero (Photo credit: imatges d’iconografia)

¿Por qué nos dejamos llevar por la seducción del cerebro? `¿Por qu

é seguimos viviendo bajo el “conocimiento del bien y del mal” sin jamás poder experimentar el sabroso fruto del “árbol de la vida”? Sirva de aviso lo que se escribió en Génesis, que la rendición o entrega personal a los engaños y trampas del cerebro, en la búsqueda del controle completo de la vida como una vía para alcanzar la felicidad, nos llevará a la expulsión del paraíso, donde reina la libertad y la vida.

El “Yo” — el Invierno

La última estación es el invierno. A eso corresponde el horario desde las 9.00 p. m. hasta las 3.00 a. m. Este el el momento del descanso, del sueño profundo. Es el momento sacrosanto del “yo”, que es el centro de aclaración de la persona humana. Aquí nos ponemos en contacto con la “chispa divina”. Es por medio de esta chispa divino, que es el nuestro “yo”, que podemos celebrar todo lo que hay de logro, triunfo, felicidad, paz, así como también curarnos de las tristezas e infelicidades de la vida. Las personas que se aman, deben amarse con su “yo”, y así es complete el amor.

Paulo-Juarez Pereira
Ypsilanti, Michigan, USA
Febrero de 2013

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