Infancia, inocencia y paraíso

Ernesto Sabato

Ernesto Sabato (Photo credit: Wikipedia

Estoy leyendo el libro autobiográfico de Ernesto Sabato, “Antes del fin”, en que  Sabato relata los acontecimientos dramáticos y traumáticos de su vida en Argentina y en Europa. Me encanta la manera como Sabato describe su infancia y la nostalgia que siente de aquellos tiempos!

Pero veo que toda infancia es mágica, sea cual sea la época. Nosotros que tuvimos nuestra infancia hace algunas décadas pensamos sobre aquellos tiempos como una época idílica y fantásticas, “los buenos viejos tiempos”, pero los niños de nuestros tiempos harán lo mismo después de algunas décadas. Pensarán que estos tiempos que vivimos ahora son idílicos y mágicos. 

¿De dónde viene entonces la magia de la infancia? Yo creo que esta magia no viene directamente de los eventos que nos rodean, sino que de nuestra propia actitud en cuanto a estos eventos.

La inocencia de la infancia

INFâNCIA - 12

En la infancia, tenemos inocencia, pero a un dado momento, se pierde esta inocencia. ¿En qué consiste la inocencia? y de qué manera se la pierde?

La inocencia consiste en no utilizar, de forma madura, la mente del cerebro, o el Yo, como lo diría Sigmund Freud. En nuestra niñez, vivimos bajo el control del Superyo de los padres (especialmente de la madre) y de nuestro proprio Ello, utilizando otra vez la terminología de Freud.

Pero, a un dado momento de nuestro desarrollo y proceso de formación, empezamos a comer bocados siempre mayores del “fruto del Árbol de la ciencia del bien y del mal”, como se dice simbólicamente en la Biblia. O sea, abrimos nuestra mente cerebral, el Yo de Freud. Empezamos a conocer cosas en complejidad siempre mayor.

Con eso nos despertamos de la inocencia de la infancia. Empezamos a adquirir la iluminación predicada por el budismo. Simbólicamente, Dios nos “expulsa” del paraíso y pone querubines y una espada encendida revolviendo por todos lados, para impedir el camino al acceso al Árbol de la Vida (Gén. 3:24).

¿Podemos regresar al Paraíso?

Adam and Eve

Adam and Eve (Photo credit: Wikipedia)

La “caída humana” es algo que no se puede evitar, ya que se trata de un desarrollo normal y natural de nuestra mente. Al mismo tiempo, el Fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, o sea, la utilización de la mente del cerebro, nos posibilita desarrollar la cultura y la civilización a niveles que ni en sueños los imaginábamos.

Se podría preguntar si vale la pena “caer del paraíso” para una vida de trabajo, sufrimiento y vergüenza del propio cuerpo. Aquí en el continente americano, por ejemplo, en la época precolombina, se podría argumentar que muchos de los nativos de este continente vivían en una clase de paraíso, desnudos, comiendo y bebiendo de lo que les ofreciera la tierra.

Cuando vinieron los europeos, principalmente los jesuitas y otros religiosos, y trajeron a los habitantes del Nuevo Mundo las enseñanzas europeas, con la conciencia de la necesidad de ropas, de la necesidad de mantener ciertas creencias, ¿fue todo eso una bendición o una maldición para los habitantes de esta parte de la tierra?

Cristobal Colón

Cristobal Colón (Photo credit: donsabas)

Esta pregunta tiene poco valor práctico, porque la realidad histórica es que aquí estamos en pleno desarrollo del siglo XXI, y el paraíso precolombino, si realmente así era la vida aquí en este continente, ya no existe más.

Sin embargo, buscamos siempre el regreso al paraíso. ¿Es posible regresar al paraíso terrestre? ¿Sería posible finalmente llegar a la culminación de la Heilsgeschichte del cristianismo, o sea, la historia de la salvación? Sería posible algún día decir que sí, hemos regresado al Paraíso, conseguimos lograr otra vez la vida idílica y feliz antes de la caída?

Regreso al Paraíso

Para muchos creyentes, esto no es posible en la tierra. Para vivir en el Paraíso –dicen ellos– tenemos que esperar hasta después de la muerte, cuando los buenos irán al paraíso, pero los malos no.

Otros, como los budistas, creen que, sí, podemos llegar al paraíso mientras estamos en la tierra, siempre y cuando nos liberemos de deseos. Pero, un paraíso sin deseos, ¿qué significado tendría?

Dejo aquí estas preguntas como cuestiones abiertas que necesitan una ulterior discusión, ya que son de importancia decisiva en nuestra vida.

Gracias

Paulo-Juarez Pereira

Marzo de 2013

Ypsilanti, Michigan, EE.UU.

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